jueves, 29 de marzo de 2018

Antítesis


Estoy esperando sentada. Un cliché, casi un chiste. ¿Qué estoy esperando? Quería tanto verte como no encontrarte. No estás. Me complace saberlo por cinco minutos.

Te entregué sin que supieras algo que me prestaste y ya no te acordabas. Cada vez se va sabiendo menos de ti y de mí en oraciones en común.

Si acaso llegamos a ser un rumor. “¿Sabías que ellos dos? ¿Sabías que por ella?” Y ya no quiero. El trayecto al baño para llorar un rato se vuelve cada vez más largo y menos oculto.

Jajajajaja.

Quién sabe qué pensarán los que llegan a ver algo de esto. El otro día una de ellos me dijo que quiere que mi vida mejore, que se arregle, mientras me daba un abrazo por mi cumpleaños. Ese es un indicio.

Cuando me voy sintiendo fuerte te obligas a venir a hablar conmigo de cosas que no importan. ¿Por qué haces esto?

¿Te das cuenta del impacto de tener que aceptar que nunca me hayas amado? Es caerse del globo, obviamente. Es que te corten las cuerdas, que te apaguen el fuego de un cubetazo, que te despierten a golpes de un sueño bonito. Es el camino de los doce pasos para rehabilitarse de ti.

Lo que espero es lograr que se me suelten los recuerdos del cuerpo como hojas en otoño, quedarme sin nada para cuando llegue el invierno, si no es que se resisten a tocar el suelo e irse con el aire, si no es que aprenden a flotar.

Jajajajaja.

La semana pasada me fui a dormir y te repasé con la cabeza. Supongo que sí soñé contigo.

Algo no funciona. Debería estar aún más enojada. Debería sentirme hecha una reina, saber que no fue por mí. Pero no entiendo esta lección vieja. No entiendo, como te dije, por qué debo seguir demostrando que puedo volver a levantarme. No quiero hacerlo más.

Yo quería seguir aburriéndome cuando te quedaras dormido. Quería irme contigo. Crecer. Que todos supieran. Estuvo cerca. Y ahora infinitamente lejos.

Hoy, hoy…tal vez estés llevando a esa otra persona (cualquiera de las muchas) a donde ya me habías llevado a mí. Literal y metafóricamente. Tal vez aproveches este sol para las fotos, para el agua, para resguardarse en tu casa.

 Tal vez tenga algún sentido lo contradictorio de tus actos. Quizá logre en una de estas mudanzas entender cuál era tu plan con lo que hacías de mí.

Si puedes, dime. Si puedo, te odio.

¿Desde dónde te hablo? ¿Se puede distinguir entre la borrachera y la hipersensibilidad que queda después de que te partan la madre?

Te amo. Te odio.

Jajajajajaja.

Tú sabes quién eres.



viernes, 16 de marzo de 2018

Obituario


Por el amor que le tenía a ir al súper contigo, por la tranquilidad de verte dormido en la sala.

Por las ganas adolescentes de verte regresar del trabajo, por querer aprender de ti.

Por tenerte siempre al otro lado de la cama. O casi siempre.

Por tu voz, por tus ojos, por tu luz en mis pasillos.

Por nuestras hijas, por nuestros días juntos, por lo que siento de abrazarte otra vez.

Por tus cumpleaños, por los aniversarios que no pudimos celebrar porque nos olvidamos de la fecha.

Por el café, por las preguntas, por los besos, por las risas, por las horas frente a la TV y entre tus brazos.

Por entrar por la ventana, por andar en bicicleta, por el verano, por las 2 de la mañana, por diciembre.

Por la segunda parte, por la tercera, por la inexistente.

Por las vacaciones en la playa que no llegaron, por lo que me permitiste ver, por todas las lágrimas.

Por el beso de Judas, por todos los nombres, por los rastros, por las traiciones que no se quitan de la espalda.


Por tu vida y mi vida.

Gracias. Perdóname. Te perdono. Te amo.


 

sábado, 3 de marzo de 2018

Noticiario



De todas las maneras en que quisiera hablarte. De la primera palabra que podría decirte. De las explicaciones que quiero darme para entender que no me quisieras. 

De las noches que me he echado a llorar llegando a la casa, de las veces que evito ver las fotos de ti que siguen conmigo. De cuando me digo que no es que no funcione el teléfono, sino que no me vas a llamar.

De cuando soñé que me mandabas asesinar, del día en que me propusiste matrimonio en un almuerzo. De cómo te fui amando más, deseando que fueras primero feliz.

De cuánto podría seguir queriéndote, de cómo mantengo conversaciones imaginarias y te cuento las cosas bonitas que me encuentro a diario. 

De que sin ti estoy bien aunque no esté tan bien, de que quiero darte lo que tengo, de que a veces no puedo dormir, de que antes era difícil dejar la cama porque la compartía contigo y ahora me levanto a media madrugada sin pensarlo dos veces. 

De que te extraño cuando me enfermo, cuando despierto, cuando estoy con alguien, cuando recuerdo cómo se sentía creerse tu amor. 

De cuando pienso en el niño que fuiste, de cuando quisiera abrazarte, tocarte la cara y que me escuches el corazón. 

De esto y otras tantas ilusiones quisiera confesarte mi verdad. Pero te dije que te iba a dejar ser libre y pienso cumplirte. Aunque esto, aunque no, aunque nada, aunque todo. 


domingo, 25 de febrero de 2018

Mudanza

Algunas veces quisiera
cambiar de cuerpo
Maullar, correr,
o llamarte y no quedar como loco

Quisiera poder hacerte otro café
darte vida, pintar el muro de otro color,
regalarte siempre más


¿Más? ¿Es eso posible?


Es que alguna vez, de madrugada,
te dije que estaba cerca
de regresarte la libertad

Me dispuse a devolverte,
a devolverme, a decirte así
que amar es brindar lo que se tiene,
mucho más que demandar

Y algunas otras veces
prefiero seguir siendo esto
que es capaz de extrañarte,
que es capaz de levantar las manos

Elijo quedarme como estoy,
lejos, sin ti

Que tengas días de sol,
que te hagas compañía,
que no tengas deudas,
que no tengas dudas,
que no debas mentirme a mí




Madre tierra pura, pura tierra, pura madre

Defendiendo su cuerpo casi inerte de la naturaleza misma, caprichosa, incomprensible, en una reacción que nunca había visto antes, que no me podía explicar, el pequeño aprendiz de ave, se movió de manera espasmódica sobre el trozo de imitación de pasto. Sentí una devastación sofocante, como de mis años de infancia, que me quería hacer llorar. 


Detuve al otro animal, más con mis palabras que con la fuerza física que debí haber puesto antes, para que no matara al bebé pájaro. Lo puse sobre mi mano, queriéndome disculpar por tantas cosas...por no haber detenido al perro antes, por creer que era un roedor, por asustarme al escuchar su grito de ayuda, por no haber logrado que saliera con vida de los colmillos de lustro de mi amigo canino. 


¿Por qué lo había matado? ¿Por qué alguien permitiría que eso pasara? ¿Por qué... no lo detuve? ¡Lo vi morir, a 20 centímetros de distancia! ¡Vi la última vez que llenó su pecho de aire! Tal vez ni siquiera fue capaz de volver a exhalar. 


¿Por qué no lo salvé? Porque ahora parece que estoy por padecer una tristeza adjudicada, una angustia de por vida, de por muerte, de condenar a yacer sobre la tierra a una criatura que debería estar dejando caer sus desechos sobre el hombro de algún burócrata central, navegando entre aires capitalinos. Yo sólo quería que viviera.


"Ya se murió", dijo mi madre. "Ya dejó caer el cuello". Y en es instante, una parte de lo que me volvía alegre desde que nací, se desvaneció también, volviéndome lúgubre, como si fuera el burócrata de manchas orgánicas, pero sin sindicalizar.



viernes, 9 de febrero de 2018

Éxodo

Está claro que no parece, pero existieron los tiempos en que tú y yo eramos otros. Nadie se quedó sin saber que te quería más a ti, que estaba de tu lado, que lo mejor de mis días era esperar a que llegaras y cuidarte, sin más condiciones.

No me di cuenta cuando dejó de pasar. No vi que me soltabas de la mano, que era igual si te decía algo que quedarme callada.

Me acostumbré a no verte, hasta que vernos era un fastidio. Hasta que llegó a su fin ese proceso de despreocupación que de ninguna manera fue repentino, pero sí doloroso. Hasta que las mañanas del domingo fueron de angustia.

Fuimos un par de extraños viviendo juntos. No sabías de mí, no podía contar contigo. Y entonces vi que preferías muchas cosas que estar.

Mezcladas las emociones, pasados los años, te hablé como iguales, te dije las cosas que sabía de ti.

Vi que creía en un espejismo, en algo que te encargaste de construir para doblegarme, porque tú no seguías tus propias reglas.

No puedes tener todo. No podías traicionar mi confianza y luego decirme (como también lo hiciste) que no tengo derecho a juzgarte.

Me fui. Claro que me iba a ir. '¿A qué me quedo contigo?', dice la canción. Me fui y lloré más por ti que por cualquier otra cosa.

Lloré porque no podía hacer que me quisieras, que me admiraras como yo a ti, porque no aceptaste nunca que te habías equivocado. Al contrario, seguías esperando que yo te pidiera perdón.

Pensé que estábamos bien cuando dejé de contar los días que llevábamos distanciados. Ya podía hablar de ti sin que me corrieran lágrimas por la cara. Supuse que hacías lo que podías, que tú venías de un lugar igual, que tal vez no sabías hacer algo diferente porque no te habían enseñado. ¿Quién más te habría querido tanto como para que quisieras dar lo mejor de ti y no vernos como una carga?

Alguna vez te dije que eras responsable por el inicio de muchos tropiezos. Puede ser que no sea totalmente así, pero definitivamente creo que te debo este sentimiento de que no soy suficiente. Que no importa lo que haga, lo que sepa, lo que tenga.

Te debo la idea de que no soy bonita. Desde que me decías que me ibas a cambiar por otra, por una niña que fuera mejor que yo, que te quisiera más que yo.

También la acusación de que te busco en todos los hombres. La desconfianza crónica, el gusto por no ver a nadie, la confusión, mucha tristeza.

A veces creo saber porqué dejaste de quererme, pero tú tienes la última palabra. ¿Algún día me vas a decir la razón?

Y aunque vengo de ti y estaremos por siempre (el siempre que nos toque vivir) ligados, ahora que te veo saliendo de tu casa por la madrugada, igual que yo, entiendo que ese mismo siempre estaremos separados. Que así como me das la espalda para tomar otro camino sin hablarme, debo aceptar que nunca vuelvas. Que ya no quiero que vuelvas.

Y así se van acabando las historias. Ahora eres alguien con un nombre y no un título paternal. Ahora eres un vecino que sigo sin conocer y no mi guía. Eres como mi ex-padre, también un fracaso permanente.

Ojalá hubiera sido siempre como hoy, una mujer adulta y no una niña que esperaba que te acordaras de su cumpleaños.

Ojalá pudiera regresar y decirme que iban a venir cosas peores, que aprendiera más pronto todavía sobre la soledad, que ya no me esforzara por impresionarte. Ojalá dejara de actuar como si me estuvieras viendo hacer algo importante.

Ojalá, ojalá, ojalá.



miércoles, 4 de octubre de 2017

Ya no quiero ser tu amante

"¿Cómo te sientes?", me preguntó en cuanto llegué al café, en donde yo lo había citado. Me vi tentada a decir que era como meter una hoja de papel a una trituradora y hacerles la misma pregunta a los restos.

Me siento rota. Rota y sin valor. Gracias por interesarte. Me dijo que él era así, que yo decidía si aceptarlo o no, tal como era. 

Yo quería una vida a su lado, y él era incapaz de entenderlo, porque en cambio quería una vida POR SU LADO. Pasó mucho tiempo sin que se notara el mínimo cambio, y yo me resistía a ver que no me amaba, y si me quería, sólo no me quería como yo quería que me quisiera.

"Entonces no quiero ser tu amante," (En el sentido greengo de la palabra) le dije por primera vez, en aquél lugar en el que no se podía tener ni conversación, ni café caliente, ruidoso, y con meseras de caras de pocos amigos. 

Quise llorar desconsoladamente, ya no por él, sino por mí, porque me causé tristeza, porque en mis problemas de abandono me había abandonado yo misma. Se fue, casi sin decirme nada, de vuelta a su trabajo. 

Y yo me quedé con la inocencia y la angustia cortándome el cuello. "Haz lo que quieras."articulé a como pude, aunque no era necesaria la sugerencia, porque él siempre lo había hecho. 

Ya no quiero ser tu amante, pero sí quiero. E intenté no explotar por todo el restaurante, como cuando era una niña, en un consultorio: pensando en otras cosas para no sentir dolor.


domingo, 1 de octubre de 2017

Contigo

Contigo no tengo nombre,
no tengo un lugar fijo
Contigo soy cualquier calle del centro,
cualquier día que me llames

Contigo soy indescifrable,
increíble, la mejor mujer que conoces
Contigo soy más de lo que todos ven
y hago más de lo que se cree que hago

Contigo no tengo cuerdas,
no hay horas, ni impuntualidades,
ni siquiera desatinos

Pero tampoco tengo remedio,
no tengo idioma,
no tengo tus ideas, ni tengo tu calma

Contigo no tengo nada y tengo todo,
porque casi nunca te encuentro de verdad
y sin embargo siempre estás aquí

Y te apareces entre las palabras,
entre los cafés, en la piel de ave,
en las notas de madera, en los recuerdos
de nosotros caminando en arena de desierto

Contigo no tengo nada y tengo todo
cuando logro tenerte otra vez
de frente, o de lejos,
al centro de los ojos,
si te veo a la distancia

domingo, 17 de septiembre de 2017

Sinceramente hasta la madre







De ser, bastante seguido, invisibles. Menores, dueñas de tantas etiquetas. De tener que ser lo que nos digan que seamos, de estar abajo, de tener que estar peleando por lo que debería de estar dado por un hecho.

De tener que cuidarnos, de recibir advertencias porque los otros no reciben educación, ni punitivas, ni llamadas de atención, ni nada. De tener que ser las prudentes, de no ser libres, de ser juzgadas según lo que llevemos puesto. 

De no dejar de correr peligro aún si vamos vestidas de monjas, de maestras, de madres, de jóvenes, de nada en especial. De ser criadas para que nos defiendan otros, para no tener siquiera la habilidad de correr. De ser encasilladas, de recibir el 'tú te lo buscaste'. 

De morir todos los días y no por causas naturales, de ser las 'muertas' y no las 'asesinadas'. De ser un concepto en el periódico con portada roja, de servir para prestar el nombre, de ser las débiles, de ser las otras, de no ser suficientes seres humanos. 

De estar reducidas a una imagen, a las medidas, a importar según estas dos cosas, de ser un desperdicio si nos gusta otra. De no poder fumar, maldecir, dejar la casa, trabajar hasta tarde, no tener pareja o tener varias, porque sólo nosotras nos vemos mal así. De la violencia disfrazada de piropo a la fuerza.

De que se hable de nosotras como entes hormonales, que cuando no están en sus días, están 'menopáusicas' o necesitan de favores sexuales de parte de los hombres. De  tener que cargar con lo que no nos corresponde, porque nosotras, que estamos afuera, no tenemos culpa de lo que le pasa a los otros por dentro. 

De que después de todo esto, para algunos no seamos más que 'feminazis'. De que a esos algunos no se les ocurra pensar en quienes son como nosotras y están en sus vidas y por una de ellas están aquí, en un país en el que valemos menos que una clase de ética en la escuela o una plática en la casa. 

Sinceramente hasta la madre de que no todos estemos hasta la madre de que las mujeres nos vayamos al pozo de a gratis todos los días.

jueves, 31 de agosto de 2017

Querer querer y ser querido

Yo quiero a todos los que te quieren,
mientras no te quieran
como te quiero yo

Y ahora resulta que para que tú me quieras
tengo que andar
como si dejara de quererte

Dime quién va a querer más
que quien no quiere hacer otra cosa
que recibirte en tu casa
y mirarte a ti antes que al mundo

Porque a estas alturas
que no tengo más qué perder
veo con miedo que ya has perdido
el miedo de perderme

miércoles, 30 de agosto de 2017

Quién puede ser (En mute)

Veo la luz que te toca, con media sonrisa
tus ojos y tu boca
Apenas me avisa la vida empapada:
me dice que no hay solución sin tu alma

Ahora me toma las manos la nada
Me arrulla el silencio de la cocina a la cama
Me sacude el cabello tu palabra rotunda
Me queda el sabor de los besos de ayuda

Y no hay camino
libre de vergüenza y laberintos
No tengo más entereza y te lo digo a gritos
¿Quién puede ser
ese desorden que ciega
el resto de los días que él mismo se niega?

Puedo también escuchar la respuesta
en cuanto delire que tu abrazo me suelta
Pides que camine sin mirar más las llagas
que detener el pasado me ha dejado en las palmas

Entonces se vuelven tus puertas abiertas
con más promesas que historias inciertas
y espero regalar mañanas sin peligro
Y no pensar que es mejor si emigro

Porque no hay camino
libre de vergüenza y laberintos
No tengo más entereza y te lo digo a gritos
¿Quién puede ser
ese desorden que ciega
el resto de los días que él mismo se niega?

martes, 15 de agosto de 2017

Morir en el intento

Voy a tratar de olvidarte. Te lo prometo. 

Voy a tratar de olvidar cómo es eso de irse a dormir tomados de la mano, pactando sobre la sábana que ese es nuestro destino. 

Me voy a deshacer de los besos con nombres, de las mañanas de distancia, de todo lo que sé de ti, de las lágrimas que fueron abandonando mis ojos y que sostendrían la sed del jardín que quería que tuvieras en ese departamento rentado en el tercer piso, obviamente infertil.

No quedará una pista, una foto, una letra, ni un trozo de vidrio estrellado que te aluda.

Y como me he olvidado de otros y de tanto, también te he de olvidar. Y en unos meses y en unos años, no serás más relevante que una película que vi en la infancia, y costará trabajo volver a dar con tu cara y con el color de tus ojos.

Voy a tratar de olvidarme de seguir repitiendo las cosas que tal vez te enseñé, las que te hicieron reír, de la única vez que te hice llorar. 

Por más que me busquen entre la memoria no van a poder reconocerte, ni a las historias que me ibas contando, ni los boletos de nuestros viajes juntos, ni lo que fui haciendo en la vida pensando en dedicarte. No va a haber más. No más sobrenombres cariñosos, no más conflictitos, no más complacencias, no más consejos, no más amor, no más amor, no más amor.

Y sabes muy bien que, como nunca seremos amigos, más fácil será despertar a diario con la tranquilidad de no volver a hablarnos. Olvídate tú también de esa noche en la que te confesé que haber estado sin ti fue lo más difícil que había hecho hasta mis ralos veintitantos. 

Voy a tratar de olvidar para no revivir el sufrimiento. Ya fue suficiente. A veces nos duele más por pensar en ello que por lo sucedido. ¿Cómo era eso? Somos el resultado de la historia que nos decimos todos los días.

Me estaré liberando de la música que escuchas. Al fin libre de esos 'clásicos' sosos y adolescentes que lo único que me hacen sentir es angustia. 

No me va a hacer falta hacer todo contigo. Ya no va a ser problema irme a la cama sin ti, ni despertar sin ti, ni comer, ni caminar, ni respirar, ni ver que llegan los viernes sin ti. 

Se acabó la responsabilidad de pensar en la comida, en los pagos, en ocupar un espacio diminuto. 

No queda nada. Todo se acaba cuando llega la hora de apagar la luz y ahí se va quedando. Lo que pasó ayer, lo que pasó con este día que concluye, jamás va a regresar. Te irás desvaneciendo en mi mente, junto con tu loción de insecticida, tus ronquidos, tu peinado y genio. Te irás diluyendo como el amor de mi vida, como mi hombre favorito, como mi único sol.

Y aquí me quedo yo también, a tratar por enésima vez de olvidarte. Aunque me vuelva a fallar en un principio, aunque no sepa qué abandonar primero. Aunque siga queriendo saber cómo estás. Aunque me muera en el intento. 




lunes, 14 de agosto de 2017

Esquirlas Parte II (Sidegirl)

Estoy segura de que puedo reírme de todo esto y de todos nosotros. Estoy segura de que puede ayudarme, de hecho, a escribirte sin esta taquicardia que me golpea como si estuviera viéndote de frente.  


Tú nunca te enteraste, pero hace buen tiempo que vivo teniéndole miedo a mi reacción por si llegara a encontrarte. No sabes cuántas veces dije que si te veía en la calle, poco me iba a importar cualquier cosa. Yo iba derecho a descargar -físicamente, claro está- mi rabia sobre ti. 


No supiste tampoco de mis ataques de ansiedad, fuera de casa, caminando en cualquier parte, cuando veía a alguien que se te parecía, o algo me hacía recordarte con fuerza. 


Mi intención ahora mismo es platicarte, aún si no me escuchas, cuántas cosas pensé de ti últimamente, porque ya no quiero que sigas estando en mí, revolviéndome las vísceras, con la completa oportunidad de  burlarte abiertamente de esto que soy.


Nos cruzamos hace mucho, con tanto en común. Pudimos haber sido versiones de una sola persona, con los mismos gustos, la misma escuela, las mismas tragedias y hasta los mismos amigos. Sólo hasta después supe (por desgracia) que habíamos tenido el mismo amor.


Tú llegaste primero. Y he de decirte que yo creí (o me hicieron creer) que tu lazo con el hombre que amaba se reducía a la lástima, a que él veía en todas las mujeres la proclividad a ser salvadas. Como tú y yo. Que sólo eso te había visto.


Obviamente, esto no era del todo así. Siempre te encontraste cerca, en una esquina, atenta al movimiento de una mano, de una seña, de un par de palabras o de una sentencia que escuchaste con anterioridad, (de parte suya) cuando yo te reemplacé: 'vamos a estar bien'. 


Estoy consciente de que en este lapso has estado perdidamente enamorada (igual que yo), atada, añorando, esperando tu oportunidad de regresar. Te reconozco la perseverancia. Al menos (al menos, al menos) en eso no coincidimos. Puedes asegurar que yo no voy a volver en un año, como tú, ni en dos, ni nunca.


Repetimos papeles en la obra. Vuelves hoy a ser partícipe de esta carta del colgado, ya tan normal, y tengo que aceptar que no fue culpa tuya, que tú no estabas provocando (según yo), que sólo respondiste al llamado que hace meses esperabas. 


Puede ser que también te hayas preguntado antes por qué yo. Qué me podía ver alguien a mí, que estoy tan lejos del promedio. Qué tenía de bueno esa que anda con el paso torpe y encorvado, con lo mínimo para no ser confundida con un tipo, con una muralla gris al frente, tal vez avejentada por el aburrimiento y la tristeza.


No fuiste la única. Incluso yo misma no sabía entonces que tengo algo por lo que alguien pueda quererme, como para que me prefiera sobre ti y sobre todas. Aprovecho para pedirte que no le busques tanto. En un principio, mi sonrisa y mis ojos son más lindos que los tuyos. Jaja-já.


Pero ese no es el punto y no quiero que te sientas menos, que es evidente que no lo eres, que me llevas muchísima ventaja. Y además, te cumplieron. Están ustedes bien. Yo no. Estás bien acompañada. Yo no. Sin problemas para retomar las cosas donde las dejaron, para hacer lo que antes no hicieron. Yo no.


Debe darme gusto por los dos. deben tomarlo como una señal. La vida (o ustedes mismos, sin necesidad de padrinos) los ha vuelto a poner de frente. O de lado, durmiendo en el que alguna vez fue mi lugar. 


Lo mejor de esto es que tú puedes ser tú o puedes ser cualquier otra que haya estado antes de mí. Puedes ser cualquier sidegirl, cualquier nueva o no tanto. Ya no importa con quién hablo, sino cuánto perdono. 


Y yo ya quiero dejar de tenerte este odio que te tengo. Quiero que tú sí puedas  hacer feliz al hombre de mi vida, porque hace mucho le pedí se encargara de que mi relevo me superara sin problemas. Así que tienes que ser mejor, la más cándida de las mujeres, la del historial más corto, la de la perfección en persona.


No sé si darte consejos, porque no quiero arriesgarme a querer inducir a alguien que lo conoce más que yo. Pero trataré de ayudarte a no equivocarte con cosas sencillas. 


Toma en cuenta que no le gusta perder. No lo dejes solo, a menos que te lo pida. Entonces no insistas. Que no pueda dudar cuánto lo quieres, que no le falte nada que tú puedas darle. Hazlo reír, no lo presiones, no le impongas, no le pidas tanto, no lo comprometas, no lo orilles a mentirte. 


Escríbele cosas bonitas, ponle un sobrenombre, aprende a cocinar algo que le guste, decide pronto a dónde quieres que vayan cuando te invite a salir. No lo quieras despertar a deshoras, porque aunque no lo acepta, dormir es uno de sus pasatiempos favoritos. Llévate bien con su familia.


Pregúntale por sus proyectos y sus viajes pasados. Anímalo por sobre todas las cosas. Ten mucha paciencia y atención en el invierno, que no le gusta en lo absoluto. Te aconsejo que le preguntes qué cosas debes negarle y cuáles ofrecerle. 


Déjate guiar. No quieras enseñarle algo. Y por favor, mentalízate; vas a escuchar a cada momento que sólo uno de ustedes puede adaptarse, porque el otro ya no tiene remedio a estas alturas. Y sí, tú eres la elegida. 


Sólo me resta decirte que espero no volver a verte jamás. Y claro, que tampoco los vea juntos. Deseo que funcione, que me des motivos para alegrarme por los dos. Tienes en tus manos a la persona que más he amado. Por favor, no lo arruines. 


Espero también poder perdonarlos pronto, si no por ustedes, por mí. Sé que lo que yo piense no te hace falta, pero a mí sí me ha ido quitando la calma y la necesito de regreso para vivir sola. Lamento mucho haber querido tanto arrancarte la cabeza. Tú no te enteraste, pero a mí me costó mucho trabajo superarte.


Bueno. ¿Qué emocionante, no? Salirse del cajón de las sidegirls y ser cuarenta veces más de lo que eras. Definitivo,  me ganas en suerte. 




martes, 27 de junio de 2017

Hoy estoy teniendo miedo de no estar contigo. Y todo es por no aceptar que estás afuera, que no somos de nadie, por interpretar lo que hacemos como bueno o malo, por sentir que es más importante tener, que amar. 

Temo por compartirte (contra mi voluntad), por no saber qué haces, por no verte despierto, por no saber qué piensas o qué dices, o para quién estás aquí. 

Y no tiene sentido. Sentirse así significa ceder la paz individual, no aceptar que todo cambia. Y si tu amor, tu apego o tu atención cambiaran de lugar, yo debería aceptar que no fue por mi culpa, sino por tu decisión. 

La verdad es que (a veces, un poquito) también quisiera verte sufrir por mí. 




martes, 16 de mayo de 2017

Esquirlas (Parte III)

Dio un salto de la cama. Ya no estaba ahí. Ya no tenía el cuerpo apoyado sobre una cobija gruesa y calurosa, que nada tiene que hacer con nadie en estas fechas. No estaba más al frente de un abanico pequeño, que hacía lo que podía por circular un poquito de aire. Si me buscaban en el lugar más oscuro de la casa, no me iban a encontrar. 

Porque entonces estaba caminando cerca de otra, en la que crecí, como flor de concreto. Era de tarde. La avenida me llevó a Payande, y ésta a Cerro, después de ver la torre de ladrillos que formaban el campanario de una iglesia. Al llegar a mi destino, abrí ambas puertas sin necesidad de usar una llave y dentro vi las mezclas del tiempo por todas partes. 

Vi la marcha de azul que pintó mi hermano mayor, jurando que era verde (fue entonces cuando empezamos a sospechar de su daltonismo). Estaba a la altura de un escalón mal hecho y con una minúscula rampa que en un par de ocasiones pudo haberme matado. Vi más adelante una puerta medio rota por el  mismo hermano. Esta vez no había mascotas en el patio. 

No había nadie -aquí tampoco-,  y no se escuchaba un solo ruido. Pero detrás de esa puerta rota, que cerraba el cuarto de mis papás, estaba una recámara cualquiera. Al principio creí que iba a encontrar a alguien como lo recordaba ahí, pero no fue el caso. 

Y abajo de la cama una niña de unos cinco años, leyendo un libro que no era suyo, ni era para alguien de su edad. Leía sobre ranas venenosas. Estaba en el suelo, sobre el abdomen, con dos coletas en la cabeza. Me miró con intriga mientras yo adoptaba la misma posición. No me dijo nada, ni yo a ella. 

Quiero recordar cómo es que empezamos a hablar, pero le dije que venía a ayudarle, a decirle que no estuviera triste, que ella no tuvo la culpa, que no tenía que complacer a todos. Con el tiempo aceptó que le dolía. O que tenía muchos dolores. Le dolían los insultos, las acusaciones, las negligencias, el abandono, los golpes, la falta de defensores, los abusos y sentir que no importaba tanto si hablaba o no, si fracasaba o no, si sabía hacer algo o no.

Le sonreí y aunque no quisiera hacerlo, no podía hacer otra cosa. Para completar esta misión tenía que evitar juzgar a alguien, aunque sé que cualquiera se preguntaría cómo es que esto pasa. Le dije que estaba orgullosa de ella, que era una persona increíble, que era buena, inteligente, divertida, poderosa, que cuando creciera iba a recibir cada vez más amor, más del que pedía entonces. 

Salió de debajo de la cama y cuando estuvo de pie, se encontró conmigo de rodillas para abrazarla. Ni ella ni yo podíamos recordar que alguien antes le diera un abrazo así. Su coleta derecha me hizo cosquillas en el cuello. Estaba tal como la recordaba. Corrieron mis lagrimas de manera simultánea en sus hombros, así como en la almohada. Pensé en la fotografía que le tomó su hermana, con un vestido verde (como las ranas) en su modesta sala, y la misma sonrisa de siempre. 

Nos abrazamos tan fuerte y con tanto amor que regresó a mí, me dijo que me quería, que estábamos juntas, que todo estaba bien. Cuando me incorporé y me quité las lágrimas de la cara, empecé a caminar para irme. Bajé por la calle y seguí el camino que muchas veces tomé y me hizo volver, en esta ocasión, a mi cama. 

Y todo estaba igual. Sentí mi cuerpo apoyado en una cobija gruesa y calurosa, que nada tiene que hacer con nadie en estas fechas. Tenía al frente un abanico que luchaba por hacer circular un poquito de aire. Pero me equivoco, no todo estaba igual. Aquella noche debí haber empezado -oficialmente- a unir mis pedazos. 


lunes, 15 de mayo de 2017

Si es por mí, si es ahora...

Si al amor hay que darle dos años,
al desamor hay que darle tres meses

Si a las diferencias hay que darles espacio,
a las similitudes hay que mantenerlas cerca

Si a los recuerdos hay que brindarles aplausos,
a las malas memorias hay que hacerles camas de tierra,
con cobijas de piedras y adornos de hojas.

Si las malas noticias llegan veloces,
a los malos ratos hay que ponerles frenos.

Si a las despedidas hay que acompañarlas de lágrimas,
a los momentos neutros hay que llenarlos de risas.

Si no debes ser tú conmigo ahora,

que no seamos nada nunca, que nos diera más dudas que respuestas.



lunes, 1 de mayo de 2017

Mutación

¿Que si alguien más sabía? No puedo responder. Sí, puede ser que se hayan imaginado, quienes llegaron a verme, que todo iba por 'ganarme' a alguien. 

Siempre fui vista como quien no se sometía, quien no quería cambiar, quien era libre, quien no se preocupaba. Está de más decir que aquel cuento llegó a su fin. Y tuvimos entonces que no era tanto así, que solamente me faltaba tiempo.

Las lineas que me dibujaban dejaron de parecerme lo que eran y las vi hechas un manojo de inexactitud e irrealidad, y debí reconocer que mis banderas estuvieron hechas de palabras y apariencias. 

¡Y yo luchaba, mi vidita! ¡Me moría de ganas de mudar! De salirme de este cuerpo, de las telas, de mi idioma, de mis letras, de la voz, de mi piel, del color, de la forma, de mi inicio, de la edad, de la calle, de un destino, de caminos, de ciudad, de identidad, de historia. Quería impresionarte o arrollarte, o aturdirte y hasta robarte.

Quería dejarte queriendo más de mí, soñando conmigo, abrazándote a una almohada. Quería ser como una de esas mujeres, que parece que esperaron a ser mujeres sólo hasta encontrarse ante tus ojos. 

Estaba entre mis planes salirme con la mía, hacer que te rindieras, que te desconocieras, que te hiciera llorar la idea de verme ir. ¿Qué tanto podía costar dejar de ser quien era por ser quien más amaras tú? Si esa carga en la que a veces me volvía no me hacía feliz. ¿Feliz? ¿Cómo ser feliz? ¿Cómo estar tranquila con algo como yo?

Porque claro que por más que traten de convencernos de que somos maravillas, nosotros (incluida yo) solemos aferrarnos a la negación, que después también sale halagada, por parecer modestia. 

Correr por las mañanas, leer por las noches, aprender por las tardes posibles temas de conversación. Tener como lema: 'la gente no valora lo que no le cuesta', llevar sobre la espalda un kit de posibilidad. Escribirte cartas como si ya las leyeras, como si supieras que yo existo junto a ti. 

Jurarte fidelidad y amor sin que te des por enterado y no salir por miedo a que te haga falta estar conmigo, procurar aprender a cuidarte, querer darte todo sin cotar con check list, ni siquiera para mí. 

Tener siempre la certeza de que 'si yo estuviera en su lugar', 'si tuviera la oportunidad que ha tenido ella', 'si estuviera a prueba', 'si quedara en mí buscar venganza', no te faltaría nada conmigo. 

Pero todos ya sabemos que un ente vacío no puede llenar a otro a voluntad, y tú también te diste cuenta. Quizá por ello fue que me vi al final del camino mordiéndome los labios, practicando la reversión del llanto, cuando te vi dando un salto en cámara lenta hacia el desinterés por el resto del mundo y de la mano de alguien, que parece haber esperado a ser quien es sólo hasta el momento de estar frente a tus ojos. 

Avanza, mi vidita. Llevas contigo mi buena voluntad. Tal vez tu función en este cruce era hacerme cambiar de opinión. Y nada más.


lunes, 24 de abril de 2017

Duda razonable






¿Quién puede verte como yo te veo? ¿Quién puede quererte como yo te quiero? ¿En cuál cama estarás durmiendo ahora? ¿En qué par de brazos estarás dejando tu cansancio?

¿De quién serás, tú que dices que todos somos de mucha gente? ¿Será que ya te has cansado del juego de cazarnos, de ser presas en un imaginario de desierto? ¿Hacia dónde van tus pasos (siempre valientes y serenos) hoy que caminas aún más lejos de mí?

Quisiera dejar de perseguirte, porque ya sé que no seremos, porque ya sé que no te cuento, porque no puedo seguir luchando por no ser más sin ti.

Quisiera recurrir a la subordinación sentimental, a la expulsión de los recuerdos, al entumecimiento de la supresión. Quisiera dejar de esperar lo que todos sabemos que nunca empezó su trayecto hacia ningún lado todavía. Quisiera tener una razón para obligarte a responder.




martes, 18 de abril de 2017

Mejor así

¿Qué pasa con los escritores, que se van haciendo tan amigos de los gatos? ¿Qué les pasa, que resultan ser tan amantes de los vinos, del desvelo, de los transgresiones, de las muertes prematuras? 

¿De dónde viene la condena de escribir hasta desangrarse, de ir regalando letras porque es lo que mejor se sabe hacer? Y resulta más edificante, claro, que un collar de oro. 

¿Qué les ocurre a esos seres que se están quemando a diario de las ganas de estar más lejos unos de otros, para no repetir figuras, rumbos y metáforas? 

Resulta inútil. Son todos lo mismo. Lo más anti-original es querer ser original, casi tanto como querer presumir que se lee o se escribe.  

Y quizá por eso quiera estar yo  tan fuera de categoría, porque no compartir esas características y no querer tampoco ver mi nombre en fuentes bonitas, estampadas en cartón, seguido de textos que únicamente leerían quienes me tienen un poquito de aprecio.

Los escritores, por ser para su tristeza sólo personas, son criaturas extrañas. Afortunadamente muy pocos de ellos son amigos míos.  Afortunadamente. 


viernes, 14 de abril de 2017

Ahora entiendo a los adictos (De 'Las Noches Despiertas')

Me ha llevado tiempo madurar ciertas ideas serias, como aceptar algo que acabo de descubrir, algo tan ríspido como afirmar que en este momento entiendo perfectamente a los adictos.  

¿Y cómo no? Es lógica totalitaria, buscar fuera de nosotros una manera de noquearnos de irrealidad. Y conseguir calma sólo hasta tener certero un nuevo encuentro con ello. 


No hay cómo resistirse ante el veneno, no hay manera de contener el impulso de saltar a las vías, no se puede negar al cuerpo el aventurarse a gritar una verdad que nos enjuga los ojos, que nos doblega las rodillas, que nos sacude las entrañas.  

Resulta sencillo encontrarse a un desgraciado rendido junto a una bebida, sosteniendo la botella como si fuera la última barca en mar abierto. Lo mismo que abrazarnos de alguien, anudando a su alrededor nuestra existencia, los días que ya hemos consumido al fuego de un cigarro, tendidos en una cama, ahogados en tequila o con una dolorosa inyección del placebo romántico. 

¿Y si es la botella que nos besa? ¿Y si es la aguja quien nos toca? ¿Y si es el alcohol deseando poseernos? ¿Y si es el tabaco el que nos respira? Pero cuánto hemos juzgado, sin poner sobre la balanza las conductas autodestructivas que nos calzamos a diario. 
La verdad es que lo entiendo porque no estoy a tan larga distancia, sino a sólo unos pasos. Dicha felicidad sombría es como ir a medio metro detrás del estado de ebriedad. Se siente como una punzada en la garganta que te hace querer decir obviedades afectivas a quienes tienes más cerca en plena parranda, como ese clásico “yo te quiero mucho, compa” de todos los borrachos.   


Estar feliz –de esta manera- es como montarse en una montaña rusa marca SpaceRocket; subir y no ser capaz de recordar que pronto vas a volver a caer.

viernes, 7 de abril de 2017

¿Y si no?

Contaba la historia que alguna vez te dolía. Yo, te dolía. Cuenta que nunca supe bien qué hacer conmigo si estabas tú, que quizá nunca terminé de ser yo, porque no sabía quién podía ser para ti.

Dice que era muy difícil decir qué éramos porque fluctuamos entre todo y nada, por mi decisión. Que nos fue imposible saltar un par de barreras, que estuvimos atados, que entre tu puente roto y el mío sólo logramos rozar nuestros dedos un par de ocasiones. 

Según esa historia ni tú ni yo conseguimos estar completamente bien. Que yo te decía: 'claro que no estoy mal, pero estoy mucho mejor si puedo verte'. Y: 'hace tiempo te estoy buscando', y 'tú nunca miras hacia acá'. 

Y que hace unos días todavía teníamos dudas. Que estábamos luchando, o cortando cuerdas, o atándonos más a ellas, al miedo, a la vergüenza, a la indecisión. Que 'quería verte de cerca' se volvió 'no pierdas tu tiempo'. 

Tenía esperanzas de que te arrepintieras. Creí que era posible que con el tiempo volvieras a llamarme, hasta que tuve que darme respuestas cuando me pregunté: '¿Y si no?



jueves, 6 de abril de 2017

Ya no te esperé

Uno día como estos hablé con alguien que era más sencillo escribir desde la urgencia, desde la crisis, desde el desánimo, desde la insatisfacción, y especialmente, desde la tristeza.

Era cierto. Después de mi tormenta y con mi calma prestada, resultó casi imposible escribir tres líneas útiles, fuertes, con sentido, que dieran ganas de más. Es el precio literario que se paga por la estabilidad. ¿Qué ingrediente mejor que la mala racha emocional para curar la mala racha creativa?  

Aunque sé muy bien que estoy muy lejos del título de quien escribe y nada le va a faltar al  mundo si yo dejo de intentar escribir.

Por lo que hoy no me quedó otra cosa. Me dediqué a asegurarme de que no es imposible. No sería imposible verte por la ventana, caminando hacia acá, buscando verme. No lo sería tampoco escuchar que llamaras a la puerta para sentarte a platicar un rato conmigo. 

No resulta tan difícil robarte unos minutos, no quedarme a la expectativa, no hablar sola de las cosas que a veces me preguntas, pero antes no me dejaste responder porque seguiste hablando.

Pensé que yo podría invitarte, que podría pedirte que te quedaras conmigo, que me eligieras a  mí. Podría confesarte que nunca quise a alguien como a ti te quiero, que nunca tuve más paciencia y tú ni siquiera te atreviste a mentirme comprometiéndote con algo.

Sé perfectamente dónde encontrarte si me da por ir a buscar. Sé de qué manera. Sé cómo encontrarme contigo. Sé que tú también lo querrías, aunque obedeces menos a tus arrebatos que yo. 

La mala o buena noticia, es que hoy ya no te esperé. Ya no supe más de ti, aunque quería en parte que quisieras volver a estar aquí. A pesar de seguir fantaseando con, como dice la canción, algo contigo. Esa firme decisión de ponerme fin (casi sin motivo clave) de forma repentina, me llevó a querer darte lo que nunca te había dado. Jamás quise que dejáramos de ser, definitivamente. 

Así que estoy probando que puedo hacer lo que me pidas, que puedo cambiar lo que normalmente hago. Ya que quisiste que saliéramos del círculo en lugar de seguir viéndonos al frente, te despido. Como dije antes, me pesa no haber sabido que te tenía atrapado. 

Y así concluí que a veces se está bien, tan bien, que se siente la obligación de hacer que algo esté mal, nada más por tener algo con tal de escribir.

Ojalá. 


miércoles, 5 de abril de 2017

Relato a medias

Nos conocimos hace cerca de tres años. No era evidente (como en otras ocasiones) que mis cartas estuvieran predichas, que mis ojos se posarían sobre los suyos y, sin remedio, fuera incapaz de volver la mirada en algo o alguien más que en esa alma noble y entrañable.

Así que abrumada solo por su generalizada amabilidad (igual para mí que para un 90% de los seres humanos) y por tener su personaje tan presente, me preocupaba por que los demás llegaran a pensar que me interesaba de manera romántica, aunque en ese entonces no fuera así.

Sin embargo, no niego que me enorgullecía la manera en que se expresaba de mí con otros, ni rechazo su acierto de aprenderse mi nombre entre tantos, o el hecho de que disfrutara de mis chispazos de humor y demás desatinos, pero nunca vi (ni estaba buscando ver) una señal de la existencia de algo más profundo que un sentimiento de empatía. Entonces ocurrió y no puedo asegurar que para mi bien.

Era un día, una tarde, un espacio, una situación, una vida como cualquiera a esa hora, hasta que en medio del bullicio detuvo cada pensamiento que tuve antes,  cada cosa en la que creí con una inocente y efímera sonrisa. Una sonrisa que sólo me había regalado a mí en ese momento.

Nunca había dicho nada, es cierto, pero me eligió a mí. Como es de esperarse en una persona tan fácil de impresionar, el repentino golpe pasional que desató en mi interior su acción me quitó el juicio (si es que alguna vez lo tuve un poco) y nada fue todo, todo fue nada y su mirada esquiva era mi aliento y su atención sobré mí unos segundos fue mi hambre.

Al principio traté de tomarlo como otra muestra de cariño fraternal, de compañeros de mundo, pero la insistencia me consumió en silencio los días siguientes.

De pronto hice memoria de los momentos en que nos cruzamos durante esos años que compartimos antes y para mí la realidad comenzó a tomar forma: a pesar de ser sensible a reconocer cuando a alguien llego a agradar, ignoré las pistas discretas entre nosotros y tantas veces en que descubrí que me veía fijamente y después de manera sutil y en fading out, hasta  cambiar de objetivo.

Posterior a la conexión de tres segundos, en las fechas sucesoras a duras penas me miró. Dejó de saludarme con afecto y no intercambiamos palabra. Creí que este era un buen método: ignorarnos como el mecanismo correcto para hacer crecer el deseo de encontrarnos, por retrasar el placer. Y estaba en un error.

Tal vez se había dado cuenta de que había hecho evidente su postura, o siendo francos su intención era empujarme a sentir que yo podía malinterpretar los hechos y quiso revertir la marcha. El caso es que probablemente todo esté en mi cabeza (que pronto vaya a recuperarme del coma).

Puede ser que sí me he equivocado con la huella de todos los perfumes que me dejaron los abrazos que di, pedí, me arrebataron u ofrecieron, la marca indeleble de un par de latidos sincronizados en pechos ajenos. Estar en otros brazos es estar siempre en soledad.


Y a veces pasa, porque la vida es así: un día te sonríe la posibilidad y otros te recuerda (sombría) regresar a tu consciente percepción de los hechos.






Lo tengo merecido.

martes, 28 de marzo de 2017

Ahora que me acuerdo

Juro que pasaron cincuentaicinco días
burlándose de todo,
de mí: cuando me dormía a deshoras,
cuando no debía, cuando no hacía más
que babear las almohadas
por las tardes y desvelarlas
por las noches,
de girar en la cama sofocante,
de no encontrar siquiera un hobby
de erotización mental


Tuve que atravesar ese infierno
innegable de vivencias desabridas,
del miedo  a terminar en AA,
de la pérdida de la voluntad
por las mañanas y al borde
de todas las cosas


Me atormentaron en todos
los espejos las mismas preguntas,
los mismos reclamos,
la soledad y el silencio


Sobretodo el silencio
Antes no era más que otra tarea
diaria, pero en compañía
Quedarnos callados no
nos sorprendía y  no me
lastimaba
porque había superado (hace mucho tiempo)
la adolescencia tardía
que nos pone paranoicos
a los enamorados
sintiendo que tal vez
ya dijimos todo
y no nos queda más atractivo
que no hablar de más


Finalmente me llegaron los recuerdos
como si despertara de
la anestesia o de una sesión
de alucinógenos
(no sé qué es peor)
Y entonces todo tuvo sentido


Quería saber
Necesitaba una respuesta
No concebía que el ‘tú y yo’
se acabara


No podía aceptar que
mirar por horas el teléfono
no funcionara
que no llegara una llamada tímida
y necesaria


No quería vivir viendo
con qué facilidad se me puede
dejar de lado


Pero debo disculparme
Lo tengo merecido
Tuve lo que quise cuando te dije:
‘no me vuelvas a llamar’




Cuánta obediencia. 



miércoles, 22 de marzo de 2017

Otra vez

Cuando me pongo a pensar
en razones para
no quererte,
termino fallando.


Cuando busco excusas
para justificar que no
estemos juntos,
me da por sentirme triste,
porque no me estoy
diciendo la verdad.


Cuando pienso que estoy
bien sin hablar contigo,
me doy cuenta de que podría
dejar casi toda mi vida
de lado porque tú y yo
fuéramos más.


Cuando me propongo
desistir de obligarnos a estar otra vez
en el mismo lugar
de antes,
me convenzo para ‘iniciar’ nuevamente
este dialelo, en el que quiero
tener todo listo
por si la vida

lo desea aún más que yo.

¿Y ahora? (De 'Las noches despiertas')

Ya no puedo. De verdad me es imposible. No veo más al frente y abrir los ojos duele, como siempre, cuando el ciego aprende qué es interpretar formas golpeadas por luz. 


No puedo seguir haciéndome preguntas, al filo de un acantilado, siempre a la mitad de lo definitivo. Caminar de puntas en la cuerda floja de tus juicios, de tus imposiciones, de tu paciencia a ratos, de tus requisiciones militares. 


No puedo andar con tanto miedo porque dejes de quererme. ¿Quién dice que eso no ha pasado ya? Te escucho hablar de quien soy y no concibo que sea yo, porque aún con todo lo malo (que parece ser bastante) no has decidido quitarte de mí.


Y luego me doy cuenta de los beneficios que guarda tu ejército anterior  y se vuelve entonces más difícil cargar con nosotros dos y hacer malabares, cuando te resulta tan sencillo deshacerte de lo que te recuerde tu presente mientras cuidas con tal cautela lo que queda de pasado. 


Por mí sí arrancas de tu vida lo que nunca hice por nadie, por mí sí vuelves a empezar como si no hubiera existido. Por mí sí decides actuar con totalidad y no a medias tintas, si de despedidas hablamos. Por mí dejaste de hacer hace tiempo lo que hasta esta mañana tuviste conmigo.


¿Sigues creyendo en tu misión sobre mi vida? ¿Tú dirías que dolerse así es parte de algo bueno? ¿Cuándo volveré a ser siquiera la mitad de lo que amabas?


¿Por qué debo (especialmente) rendirme ante un sistema de calificaciones en el que no puedo tener lo que cualquiera tendría en un enlace como el nuestro sin necesidad de 'ganárselo'? ¿Qué más me hace falta en este momento para que seamos iguales? ¿Por qué he tenido que pedir lo que debería llegar sólo?


Tal vez debimos obedecernos cuando dijimos que esa era la última ocasión. ¿Y ahora? Y ahora nada. Una tras otra, nos hemos desgastado las oportunidades de portarnos como si cada noche se borrara el registro y sólo tengamos entonces que redimir lo inexistente. Así de efímero, así que no haya varas altas, que no haya ninguna. 



Sobre todo al darnos cuenta de que nunca podrás diferenciar lo que me hace daño, que nunca podrás aceptar la realidad que muestra tu mano sosteniendo la traición que me atraviesa, que nunca entenderás que no me hacías un bien, que tu dolor y el mío dejaron de ser, hace mucho tiempo, la misma cosa. 



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